Un plan piloto para ayudar a la ciudad
Autor: - Fecha: 2017-07-17 23:00:17
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Para que no se hunda el tráfico en la ciudad, y para la ciudadanía le dé una  segunda oportunidad a las autoridades, es necesario que la comuna local ponga en marcha algunas iniciativas que han dado buenos resultados en otras localidades del país. Por ejemplo, no se ha explorado la posibilidad de que haya planes piloto para normar y regular el tráfico.

 

La avenida Los Incas, que es una de las principales vías de la ciudad, es un ejemplo de lo que decimos. Allí, la informalidad, pero sobre todo la falta de autoridad y, lo que es parecido, la falta de ella, o su presencia inútil, permiten que los choferes, transeúntes y jaladores hagan lo que les venga en gana.


Lo primero que debería hacerse es cerrar el tramo por un buen tiempo, reparar las pistas y luego reabrirlo pero con una señalización adecuada, normas sólidas y bien establecidas, estructuras que eviten la mala conducción y que mantengan a raya a los informales que aprovechan del actual caos.


Renglón aparte merecen las obras que realizó la Municipalidad Provincial de Trujillo durante la gestión acuñista y de Alianza Para el Progreso. Trujillo, ya se ha visto durante el evento climático de marzo, no es una ciudad que soporte cualquier tipo de material para sus pistas y veredas.


La ciudad ya se encuentra dentro de una zona geográfica con un clima cada vez más subtropical, lo cual nos lleva a considerar lluvias dentro de apenas cinco o seis meses. ¿Vamos a esperar a que se desate un nuevo fenómeno climático como el del verano? No, pero tampoco podemos cruzarnos  de brazos esperando que las lluvias no caigan. Eso ocurrirá sí o sí en febrero-marzo del 2018, si no antes en enero, antes o durante la visita del papa Francisco.


Las pistas ya no deben construirse con asfalto, material barato y que se desgasta rápido, sino con concreto para que resista a las lluvias. Claro que para eso en la zona de Los Incas haría falta colocar sistemas de drenaje efectivos que impidan la colmatación del alcantarillado, para no tener que romper las pistas a cada rato, como es costumbre.


Todo eso debe ir acompañado de un sistema de reciclaje vecinal que tenga por componentes principales la solidaridad, la conciencia y el sentido del prójimo.


Segregar la recolección de desechos no es mala idea, entregar bolsas especiales tampoco. Ya es hora de que la población adquiera conductas modernas y limpias, ecológicamente responsables. Atrás deben quedar las costumbres arcaicas y medievales de una comunidad acostumbrada solo a arrojar sus desechos a la calle, donde solo esperan que pase el camión recogedor de basura y listo.


La gente exige limpieza pero no hace nada para impedir la propagación de la suciedad. Cuidado que el polvo de tierra sucia en las calles puede llevar a la aparición de casos de conjuntivitis y estos pueden contagiarse. Después no nos quejemos. Las autoridades deben ser empoderadas por los propios ciudadanos, pero estos deben colaborar permanentemente.