Un debate necesario
Fecha: 2016-10-09 13:24:06
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La figura de la primera dama se ha convertido desde hace buen tiempo en factor de perturbación. La falta de regulación constitucional y legal sobre sus funciones y competencias incrementa aún más la suspicacia y críticas. 


Se trata de una figura que ha ido cobrando protagonismo en la política nacional. Otrora la esposa del primer mandatario era casi una figura protocolar, sin funciones específicas, no ejercía ninguna potestad ni tenía asignada partida presupuestal. Y cuando tenía alguna ambición política — como ocurrió con la cónyuge de Odría— esperaba su turno para tentar su propia carrera política. 


Salvo escándalos domésticos que las ponían en el primer plano mediático, las primeras damas eran figuras espectrales, meros acompañantes en los actos oficiales de sus consortes. Pasados los años, este rol fue mutando y adquiriendo perfiles propios en los hechos. Al traspasar límites la esposa del presidente se convirtió en un foco de atención y también de detonante de las crisis de popularidad. 


No obstante el rediseño del aparato del Estado para entablar una lucha más eficiente contra la pobreza, con la creación del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, la primera dama en vez de eclipsarse fue cobrando protagonismo propio, al margen del sistema constitucional. Este limbo jurídico ha producido situaciones aberrantes como la del gobierno anterior en el que Nadine Heredia ejerció un poder casi omnímodo, al punto que cuando no injería con su propia decisión ejercía una suerte de veto, otorgando luz verde a las decisiones gubernamentales. 


Esta indefinición jurídica de la primera dama ahora es la causa de problemas de tipificación en los delitos cometidos por la ex primera dama. Jurídicamente no estuvo revestida del cargo de funcionaria pública pero de facto ejerció esta función. Por eso la controversia suscitada por la asignación de presupuesto para la actual primera dama es una circunstancia propicia para resolver esta incertidumbre que de tiempo en tiempo conmueve la escena política. Aunque es un presupuesto ínfimo en el erario público, lo que hay que evitar es que este cargo se desboque.