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Que nos explique cómo se arreglará ese problema
Autor: - Fecha: 2018-01-13 14:35:54
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Las obras en la Plaza de Armas de Trujillo no solo son para cambiar el piso y arreglar algunos de los pasivos que hay en el espacio público más emblemático de la ciudad. Lo son, también, para integrar la Plaza Mayor a los numerosos edificios y construcciones que la rodean por sus cuatro lados.


No hay forma de eludir, entonces, que entre aquéllos están la Basílica Catedral y el local del Arzobispado de Trujillo, dos sitios que el papa Francisco visitará. Tal es la cercanía de ambos edificios, uno al lado del otro, que es imposible no pensar que el Santo Padre no se detendrá a admirar sus interiores, aunque sea con las limitaciones de tiempo que tendrá cuando la próxima semana venga a la ciudad.


Por eso, lo que empezábamos a ver con preocupación hace ya varias semanas, hoy lo vemos con pavor. No se ha cumplido con la entrega de unas obras que se prometió entregar en un plazo que ya ha pasado con creces.


El alcalde provincial Elidio Espinoza Quispe fijó el plazo de entrega para el 29 de diciembre pasado. Luego se entusiasmó e incluso prometió adelantar la entrega para el 19 de diciembre, es decir, diez días antes de la fecha límite.


Siempre dudamos de que esto fuera a ser así y mejor esperamos hasta el propio 29, día especial en que se podría recibir la obra en el aniversario de la Independencia de Trujillo.


Pero pasaban y pasaban los días y, lejos de ver avances, empezaron a presentarse a excusas como las dificultades del contratista en desaduanar las luminarias; cuando estas ya estaban colocadas, que habría que pasar por un periodo de prueba, etc.


La ejecución de la obra ha significado descontinuar una serie de actividades (entre ellas el Festival de Luces y Colores) que ya estaban establecidas en el tiempo y que debieron trasladarse a otros espacios, menos aparentes. Luego el propio alcalde Espinoza cambió de fecha y nos dijo que toda la obra se entregaría el 15 de enero, es decir pasado mañana. Ahora no hay seguridad de que eso sea así. Todo eso no lo podemos aceptar y pasar por alto, pues en el camino se han hecho una serie de concesiones.


Lo que tampoco podemos aceptar es que se desacredite la palabra de las autoridades ediles todo el tiempo y se juegue con la ilusión de la gente. Y no es arbitrario ni antojadizo de nuestra parte apuntar que la comunidad está verdaderamente molesta por los atrasos en unas obras que, siendo necesarias, no eran para nada prioritarias. A ver si vamos entendiendo las diferencias entre una y otra cosa.


Estamos exactamente a una semana de la llegada del papa Francisco y no sabemos qué ocurrirá, y si el sábado 20 las obras (eventualmente recién inauguradas y entregadas) resistirán la llegada de los miles de peregrinos que estarán sobre el piso de la Plaza Mayor.


Así se han manejado desgraciadamente las cosas y por eso solo exigiremos las debidas satisfacciones una vez que pase la visita del papa. Estamos en nuestro derecho de hacerlo en el marco de la fiscalización que podemos y debemos realizar.