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Especiales - 2013-04-24
¡Familiares desesperados!

Padres, hermanos y amigos de los 6 pasajeros del fatídico bus de Horna no cesan en su búsqueda y esperan que autoridades cumplan con su promesa de no abandonarlos.





En Otuzco, un grupo hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, soportan la angustia de no encontrar a sus hijos, a sus hermanos, a sus primos.

Son los familiares de los pasajeros del siniestrado bus de la empresa Horna que el sábado 13 de abril cayó a un profundo abismo que tenía en el fondo al río Moche.

Si bien las autoridades prometieron que las labores de rescate solo terminarán cuando encuentren los seis cadáveres, ellos decidieron sumarse a los trabajos de búsqueda que ya llevan 11 días.

–¿De dónde sacan fuerzas para seguir?

—Es la esperanza las que nos mantiene en pie—dice con voz quebrada la madre de la desaparecida estudiante de psicología, Ana Beatriz Pirgo Peláez.

 

BÚSQUEDA

EN LAS ALTURAS

La madrugada del sábado 13 de abril, el ómnibus de la empresa Horna T3A 952 que venía a Trujillo desde Huamachuco, cayó a un abismo de 200 metros en el kilómetro 70.5 de la carretera a la sierra de La Libertad, justo en el desvío a Otuzco.

Este punto marcado por la fatalidad es precisamente desde el cual los rescatistas de la Policía Nacional, de seguridad ciudadana, los brigadistas de la unidad de salvataje de alta montaña llegados de Huaraz, los buzos venidos de Lima, los ronderos de la zona y hasta miembros de una comunidad israelita, empezaron la búsqueda.

La hostilidad del terreno lleno de maleza, rocas y empinadas pendientes –a las que sólo se puede bajar ayudado con arnés y sogas—dificulta el trabajo, pero a los familiares de los seis pasajeros perdidos no les importa; han abandonado la comodidad de sus casas y hasta sus empleos para buscarlos provistos únicamente de mochilas, largavistas, y mucha esperanza.BUSCAN A HINCHA DE

ALIANZA LIMA

En la zona conocida como la Loma del Viento que hoy luce alterada en su paisaje natural por una gran carpa del Gobierno Regional La Libertad, encontramos a Aníbal Mallqui Verde quien esperaba a dos de sus parientes que habían bajado a la ribera del río.

“Mi primo es Wilson Neyra Verde, tiene 22 años, y es uno de los que viajaba en el bus de Horna”, dice sin titubear, como repitiendo la respuesta a una pregunta que muchos le han hecho.

En efecto, Wilson Neyra era un muchacho que trabajaba vendiendo llantas y baterías en una tienda de Huamachuco donde vivía tranquilamente.

Pero, ¿qué lo hizo venir a Trujillo? Sucede que Wilson Neyra era hincha del equipo de fútbol Alianza Lima y al enterarse que iba a jugar en el estadio Mansiche frente a la César Vallejo, compró su boleto y se embarcó en el bus que jamás llegó a su destino.

Por si fuera poca tanta desgracia, su cadáver tampoco ha sido encontrado. “El papá de mi primo lo está buscando, él ha venido desde Huamachuco y está abajo”, dice señalando hacia el río.

Wilson Neyra, además, soñaba con convertirse en un topógrafo profesional. Por eso estudiaba en el Servicio Nacional de Capacitación para la Industria de la Construcción (Sencico).

“Ayer –continúa Aníbal Mallqui—el ingeniero Murgia (Presidente del Gobierno Regional de La Libertad) prometió que nos ayudaría hasta encontrar todos los cuerpos, ojalá esto se cumpla y no quede en promesa”.

 

ESTUDIANTES DE PSICOLOGÍA

PERDIDOS

La búsqueda de los seis pasajeros desaparecidos se prolonga desde el desvío a Otuzco hasta el caserío de Casmiche, en el kilómetro 39. Es decir, son 31 kilómetros que tratan de cubrir los rescatistas, los ronderos y los deudos.

Entre estos últimos está Martha Peláez Carranza quien busca desesperadamente a su hija Ana Beatriz Pirgo Peláez. Esta joven de 23 años regresaba a Trujillo luego de recoger información para la tesis con la que se graduaría de psicóloga en la Universidad César Vallejo.

“Sólo le puedo decir que tengo mucha esperanza de poder encontrar a mi hija, es lo único que me anima a seguir”, dice sin contener las lágrimas.

A su lado, dándole fortaleza y compartiendo la misma angustia, están sus dos hijos. “No voy a regresar a Trujillo sin el cuerpo de mi hermana, sin ella no me voy”, repite César Armando Pirgo al tiempo que a su hermano menor se coloca los largavistas para buscar alguna señal que la lleve hasta Ana Beatriz.

Al igual que su madre luce cansado, pero no desmaya en su búsqueda. “He tenido que dejar mi trabajo, espero ellos me entiendan, pero es mi hermana. Lo que queremos es más ayuda”, dice recordándonos que en medio de la angustia y la desesperación por encontrar a un ser querido, toda ayuda siempre es insuficiente.

Ana Beatriz Pirgo Peláez no estaba sola en su último viaje. La acompañaba su amigo y compañero de estudios Raúl Pacherres, también del décimo ciclo de psicología de la UCV, quien, al igual que ella, sigue perdido en el río Moche.

INGENIERO AGRÓNOMO

NO APARECE

Las labores de los rescatistas se inician todos los días desde las 6 a.m. y terminan a las 6 p.m. Los familiares de los desaparecidos cumplen el mismo horario y recorren varios kilómetros bajando por zonas menos escarpadas, siempre con la fe de hallarlos.

Lili Cedano Quipusco es una de las que recorre una y otra vez la zona en las camionetas prestadas por la Municipalidad Provincial de Trujillo, el Gobierno Regional y Seguridad Ciudadana.

Su objetivo es encontrar a su hermano Nicolás Johnny Cedano Quipusco, un ingeniero agrónomo de 42 años que ha dejado huérfano a un niño de 4 años.

“Mi hermano iba a Trujillo porque además de ser ingeniero agrónomo estudiaba ingeniería civil en la UCV todos los fines de semana”, dice Lili Cedano.

“No sé cómo esos carros de Horna –dice a su turno su tía Elizabeth Carranza—pueden circular y llevar pasajeros, esos no son ómnibus sino buses camión. ¿Dónde estaba la policía de carreteras? ¿Dónde estaban las autoridades del Ministerio de Transporte para garantizar la seguridad de los pasajeros? Han muerto 41 personas, muchos de ellos jóvenes y profesionales. Y encima la empresa Horna no se hace presente, sólo estuvieron los primeros días y se fueron, nos han dejado a nuestra suerte”.

A su lado, Carlos Cedano le da la razón pues su esposa Violeta Rojas Baca –una de las sobrevivientes del bus—permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Víctor Lazarte Echegaray. “Los 18, 500 soles del SOAT ya se van a acabar y mi esposa sigue grave. Cuándo se acabe el seguro, ¿qué voy a hacer? ¿con qué dinero la voy a curar si ella va a quedar inválida?”, denuncia.

 

UN MÉDICO Y UN CONTADOR

La lista oficial de los seis desaparecidos se completa con: Luis Alexander Gavidia Minchola, el contador egresado de la UNT, y Oscar Luis Mendoza Vargas, el médico del centro de salud de Pallar, cuyos cadáveres también se los tragó el río Moche.

Sin embargo, los pobladores de las zonas de búsqueda y del lugar donde ocurrió la tragedia insisten en que estos seis pasajeros no son los únicos que faltan encontrar.

Varios rumorean que en las aguas también yacen tres niños que jamás fueron registrados al subir al bus.

Verdad o mentira, lo cierto es que los rescatistas encontraron varias prendas de vestir en el fondo del cauce del río, algunas pertenecen a menores de edad.

(Paul Acevedo/Américo Barriga).

 




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