La de ayer no fue la primera vez que Juan
Eduardo Quevedo Sagástegui, de 48 años, atentaba contra la vida de Jeannette
Silva Miranda, su pareja y madre de sus cuatro hijas. Ya había intentado
hacerlo antes, varias en realidad, pero la última que los parientes de la
muchacha recuerdan ocurrió el 8 de febrero pasado, en horas de la madrugada.
Aquella vez, Quevedo intentó asesinarla de pedradas al verla con dos hombres en
un taxi, llegando a su domicilio en Huerta Grande.
El inescrupuloso y obsesionado individuo
le había seguido los pasos a su expareja desde que esta salió de su trabajo, en
el Sebastián Inn. Jeannette no estaba sola en ese momento, sino con varios de
sus compañeros, con quienes compartía el taxi para ajustar sus gastos.
Ella era la última a quien dejaban en su
vivienda, y los dos hombres que se encontraban a su lado cuando el vehículo se
estacionó frente al inmueble, eran el chofer y el hijo de este, con quienes
había entablado una amistad por los constantes servicios de madrugada.
No se trataba de un pecado que las cosas
sucedan así, no había nada fuera de lo normal; sin embargo, Quevedo Sagástegui,
cegado por los celos patológicos, vio en ello una traición, por lo que decidió
castigar a la que mujer que consideraba su propiedad.
“Se acercó a ella y la atacó con unas
piedras enormes que encontró en la calle. Intentó matarla, pero mi hija corrió
para salvarse. Después, en su rabia, el hombre ese la emprendió contra el
taxista que había traído a mi hija a casa, y le rompió el parabrisas”, contó
Graciela Miranda de Silva (66), madre de la joven.
Aquel episodio infernal terminó al poco
rato cuando en el lugar apareció la Policía, tras varias llamadas de auxilio.
Quevedo Sagástegui fue esposado y
conducido a la comisaría de Ayacucho, donde, según Graciela, estuvo encerrado
dos horas apenas, a pesar de que ella y Jeannette insistían en que se le
procese por las constantes amenazas de muerte e intentos de asesinato.
“Sin embargo, no le dieron la importancia
debida a nuestra denuncia. Nos dijeron que nos tranquilizáramos porque ya
estaba encerrado, pero solo estuvo ahí dos horas. Cuando lo soltaron, les
reclamé a los policías por ello, les dije que esperaban que ese desgraciado
mate a mi hija para que recién hagan algo… y eso pasó finalmente… ya la mató…
ese maldito asesinó a mi hija”, expresó la angustiada madre.
MALVADO
Por su parte, las hijas de Jeannette
pidieron un severo castigo para su padre por lo que ha hecho. La mayor de
ellas, de 14 años, contó que la última vez que habló con él fue hace pocos
menos de una semana. Ella fue a buscarlo para pedirle que, por favor, deje de
hostigar a su madre.
“Le reclamé por todo lo que venía
haciendo, pero lejos de arrepentirse, me dijo que iba a meterle el carro a mi
mamá si seguía regresando a la casa en la moto de su amigo”, contó la menor.
De acuerdo con el testimonio de la
adolescente, Quevedo Sagástegui le dijo además que no le importaba si ella
(Jeannette) moría, pues según su retorcido y desalmado criterio, se merecía eso
por haberlo dejado. “Le voy a meter el carro, y no me importa si mueren dos,
igual la voy a atropellar”, le dijo el malvado hombre, en clara referencia al
amigo que por las noches llevaba a su expareja a su domicilio.
Quevedo cumplió su palabra ayer, al
írsele encima con su carro a la moto en que Jeannette regresaba a casa con su
amigo, a eso de las 2:05 a.m., tras una cansada jornada laboral. No le importó
nada, solo pisó el acelerador de su camioneta e embistió por detrás el vehículo
lineal. Jeannette y su compañero de trabajo quedaron graves tras ello, tendidos
sobre el asfalto. Luego, en un acto de odio y sadismo, el inescrupuloso
homicida retrocedió y le pasó por encima las llantas a la joven, una y otra
vez. De este modo le causó la muerte.
QUE NO SALGA NUNCA
Jeannette y el otro muchacho, de nombre
Santiago Chang Guibert, fueron conducidos al hospital Regional, donde él aún
permanece internado, aferrándose a la vida. Ella, sin embargo, no corrió la
misma suerte, pues llegó cadáver. La inesperada noticia de lo ocurrido llegó al
poco rato a oídos de sus hijas, quienes rompieron en lágrimas.
“Queremos que lo metan en la cárcel para
siempre, que no salga, por favor, no se merece estar en la calle. Es nuestro
padre, pero nos ha quitado a nuestra madre, y tiene que pagar por ello”,
dijeron las menores.
Cabe precisar, por último, que Quevedo
Sagástegui intentó hacerle creer a la Policía que todo había sido un accidente,
pero al cabo de unas horas, y tras descubrirse que en su contra pesaban varias
denuncias por violencia, terminó confesando el crimen.
“No puede decir que ha sido un accidente.
Le pedimos a la Policía que no se deje sorprender –añadió Graciela Miranda–,
porque ese hombre había planeado hacerlo. Le dijo a nieta que le iba a pasar el
carro por encima a Jeannette, por eso sabemos que actuó con premeditación. Esto
ha sido un asesinato y debe juzgársele como tal”.