Parece que sucedió ayer, como si se
hubiera dicho hasta mañana. Tan cercano es el recuerdo, que asombra hayan
pasado ya veintidós años cuando a grandes zancadas José Murgia entrara a la casona Larco como alcalde
de Trujillo, soberanamente elegido con el 60% de aceptación popular.
Había competido y ganado con Manuel
Montoya Hernández, del Fredemo de Mario Vargas Llosa, y con Orlando Velásquez
Benítez, de Izquierda Unida, ambos respaldados por el 25% y 12% de la población
respectivamente, buenos amigos y mejores profesionales.
Tres años después, 1993, Murgia fue
reelecto con el 63% de apoyo vecinal, compitiendo con Ramón Kobashigawa que
obtuvo 11%, con Jorge Ruiz Dávila, que sacó
6% , y otros.
En 1996 juramentó por tercera vez .Había
obtenido 62.86%, aunque en esta oportunidad sin la estrella en la cédula de
sufragio. El PAP había perdido su inscripción en el JNE. Meche Cabanillas no
pudo traspasar la valla electoral.
Meses atrás empezaba la era Murgiana,
inclusive en el 2002 se enfrentó con dos regidores que lo habían acompañado en
la lista de Trabajo + Trabajo, Javier Meléndez Baanante por Perú Posible con el
Presidente Toledo en el poder .Y Alfredo
Díaz Jave, por Alianza para el Progreso. Además de dos ex compañeros, Jorge
Torres Vallejo, de Contigo Trujillo, y Eduardo Cassinelli de Fuerza Democrática.
Murgia es imbatible y lo ha demostrado siete
veces consecutivas.
Lo anecdótico en su caminata edilicia es
que dos de sus competidores fueron elegidos como regidores del CPT al
candidatear como Tenientes Alcaldes en 1998. Reconocieron hidalgamente que no
se podía ganar a Murgia, el congresista Ramón Kobashigawa, un japonesito con
cara de inocente y mucha calle, y Manuel Montoya, son dos grandes amigos del
actual Presidente Regional de La
Libertad.
La cúpula aprista limeña, en lugar de
analizar la situación política lugareña, empieza a calcular dividendos y
emplean la estrategia futbolera o fulera del 1-2-3. Tres pre candidatos a
alcaldes, el primero es ganador internamente, el segundo y tercero por la
tranquilidad institucional son Teniente
Alcalde y segundo regidor, aunque no hayan postulado para serlo.
Con conocimiento de causa le
impusieron a un ilustre desconocido
cercano a Omar Quezada.
Murgia
tuvo su cuarto de hora desconcertante, acostumbrado a escoger. Lo había
hecho con Juan Ortega Choz, Víctor Raúl Lozano Ibañez, el mejor de todos,
Javier Meléndez, Esmidio Rojas.
Se sorprendió con Martin Sifuentes, a
quien nadie conocía.
En el 2006, aunque hayan dudas en la
ambivalencia del criterio imparcial, volvieron a faltarle el respeto imponiendo
al ocupante del cargo de suplencia que en opinión debe ser de confianza del
titular más que de la institución aunque Murgia se ha equivocado muchas veces
al digitarlos, no es perfecto y comete errores que le pasan la factura después
como el caso Viru-Mar que la ciudadanía conoce y señala quienes fueron los
depredadores de bienes comunitarios.
La ilegitimidad del Consejo Regional
anterior es palpable, no fueron elegidos por sus paisanos, el actual si tiene
legalidad y legitimidad, fueron elegidos preferencialmente, así que tienen
derecho a fiscalizar y tienen derechos ganados a ser escuchados.
En el 2006 Lima centralizó al Perú
partidariamente, la miseria vista es de ingrata recordación. Estábamos en el
circo chino cuando a Pepe Murgia le
trasmitieron los resultados del conclave cupular. Había ganado la
representatividad aprista en el Gobierno
Regional y volvió a vencer por sétima
vez consecutiva en la cancha, pero lamentablemente se perdió en las elecciones
municipales. César Acuña logró un triunfo histórico al derrotar al APRA y ser elegido alcalde de Trujillo.
El PAP sin Murgia en La Libertad es el
PAP sin Alan García en el Perú. Omar Quezada lo entiende pero no le importa,
sabe que hay que denigrarlo, maltratarlo, liquidarlo, pero no podrán hacerlo
los jinetes del Apocalipsis que montan potros de bárbaros Atilas.
En Trujillo ya no crece el pasto de la
esperanza y La Libertad será cosa
juzgada. ¿Ganará el PAP sin Murgia? Solamente Omar lo sabe.